Los bloqueos de carreteras pierden fuelle en Brasil tras el pedido de Bolsonaro

Los hinchas de equipos como el Atlético Mineiro y Corinthians ayudaron a romper los bloqueos para no perderse los partidos del ‘Brasileirao’, la liga brasileña.

Los bloqueos de carreteras de bolsonaristas insatisfechos con el retorno del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva al poder en Brasil remitieron sustancialmente este jueves, horas después de que el presidente Jair Bolsonaro pidiera en un video el cese de este tipo de protesta «que perjudica la vida de las personas».

El último balance de la Policía Federal de Carreteras (PRF),  divulgado a primera hora de la mañana, indica que el número de puntos bloqueados en carreteras del país cayó a 86, la mitad de los que había a primera hora del miércoles.

Desde el domingo por la noche, cuando en casi todos los estados de Brasil empezó esta forma de protesta liderada por camioneros leales a Bolsonaro y calificada como golpista por sus detractores, la PRF disolvió 776 puntos, algunos con el uso de gases lacrimógenos y balas de goma. 

Bloqueos de carretera por parte de seguidores de Jair Bolsonaro.Gettyimages.ru

En este país donde el fútbol es el rey, los hinchas de equipos como el Atlético Mineiro y Corinthians ayudaron a romper los bloqueos para no perderse los partidos del ‘Brasileirao’, la liga brasileña.

«Siéntanse a gusto» 

El mandatario ultraderechista, de 67 años, se mantuvo 44 horas en silencio después de conocerse su derrota en el balotaje presidencial por un estrecho margen de menos de dos puntos porcentuales lo que, según los analistas, alentó las protestas de sus partidarios.

Los bloqueos continuaron a pesar del primer discurso que ofreció Bolsonaro el martes como candidato perdedor, en el que pidió el cese de las protestas, pero también aseguró que estas manifestaciones son fruto del «sentimiento de injusticia» por el proceso electoral.

Durante más de un año, el ultraderechista llevó una insistente campaña de descrédito, sin pruebas, del sistema de voto electrónico, y dejó entrever que podría haber fraude, un discurso que caló hondamente entre sus partidarios. 

Seguidores de Jair Bolsonaro piden una intervención militar tras las elecciones.Gettyimages.ru

El miércoles, incluso, bolsonaristas se congregaron frente a los cuarteles para pedir «una intervención militar» para evitar que el país caiga en las garras del «comunismo», como suele decir Bolsonaro.

Por la noche, el mandatario publicó un video en el que instó a sus partidarios a cesar los bloqueos, aunque les instó a seguir protestando «dentro del juego democrático», en referencia a las protestas frente a los cuarteles. 

«Quiero hacerles un llamamiento: desbloqueen las carreteras. Eso no me parece que forme parte de manifestaciones legítimas (…) Otras manifestaciones que se están realizando por todo Brasil, en plazas… son parte del juego democrático. Siéntanse a gusto», dijo.

Investigación de la Fiscalía

La Fiscalía pidió investigar al director de la PRF, Silvinei Vasques, por posible prevaricación por los operativos de registro de vehículos de votantes que ralentizaron la votación el día de las elecciones, especialmente en estados nordestinos (más afines a Lula), y también por supuesta omisión al no frenar rápidamente los bloqueos de carreteras.

Hasta el miércoles, la PRF impuso multas de distinta cuantía a casi 3.000 conductores por participar en los bloqueos.

Bolsonaro, un excéntrico e impulsivo político que durante cuatro años ha presidido Brasil con un estilo heterodoxo, no ha telefoneado a Lula ni le ha felicitado por su victoria, como dicta la tradición y como hicieron numerosos líderes mundiales, entre ellos los de Rusia, EE.UU. y China.

A través de su ministro de la Casa Civil (una especie de jefe de gabinete), Ciro Nogueira, autorizó el inicio de la «transición de gobiernos», en la que un equipo designado por Bolsonaro deberá reunirse con otro de Lula y ofrecerle toda la información del estado de la administración. Está previsto que este jueves se lleve a cabo el primer encuentro. 

Esto ha contribuido a rebajar la tensión en la principal economía de América Latina.

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