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Las prácticas sexuales más peligrosas

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La complejidad de la sexualidad humana implica la existencia de gran variedad de prácticas, conductas y preferencias. Aunque no todas ellas son siempre saludables.

Para determinar que una práctica sexual es saludable, debemos tener dos aspectos en cuenta. En primer lugar, la salud afectivo-sexual y psicológica del individuo; y además, la integridad física de los participantes.

Cuando una persona realiza una actividad sexual de riesgo, bien porque compromete su salud física al resultar lesiva, porque puede ser una vía de transmisión de infecciones o virus (como el VIH), o porque puede ser nociva para la salud mental, la razón suele ser la pura adrenalina. Y también, que estas actividades suelen responder a modas.

El sexólogo Carlos Horrillo relaciona el sexo de riesgo con una necesidad de experimentar sexo salvaje. Las conductas de riesgo suelen estar asociadas a sexo en grupo, con desconocidos, y muchas veces bajo el efecto de sustancias que desinhiben como el alcohol, y otras drogas.

Además de la integridad física, la salud pisco-afectiva está muy comprometida durante una relación sexual. La clave para tener sexo de manera sana desde el punto de vista piscológico es realizarlo con plena consciencia de los hechos, con libertad y con pleno consentimiento. Por ello, toda conducta sexual realizada bajo el efecto de las drogas es sumamente delicada.

Horrillo, además, señala las redes sociales de contactos con geolocalización (como Tinder, Grinder o Guapa) como un elemento muy facilitador de estos encuentros, creando un clima favorable a las fiestas ‘fetiche’ que puedan implicar conductas potencialmente dañinas.

Pero las conductas sexuales de riesgo no solo se asocian al sexo en grupo y con desconocidos; otras conductas se realizan en solitario o en la intimidad de una pareja, y pueden convertirse en nocivas cuando se produce una pérdida de control en los elementos o juegos sexuales que acompañan la relación.

Por ejemplo, la utilización de juguetes sexuales es una práctica sana y estimulante; eso sí, si se utilizan objetos no preparados para ese fin, el resultado puede ser muy nocivo, como la introducción de objetos extraños en la cavidad anal o vaginal, una vía a posibles infecciones, además de lesiones que puedan producirse derivadas de su introducción en estos canales tan delicados.

A continuación, hacemos un repaso a las prácticas sexuales más peligrosas. ¿Has realizado alguna de ellas? ¡Presta atención!

Bugchasing

Aunque parezca sorprendente, se trata de ‘ir a la caza del bicho’, es decir, realizar prácticas sexuales con el objetivo expreso de adquirir el VIH, el virus del sida.

El sexólogo Carlos Horrillo asegura que las personas realizan esta práctica porque tienen una ‘falsa percepción del peligro’ de contraer el VIH, y es una práctica relacionada con el sexo salvaje y con la búsqueda de emociones intensas.

Las personas que practican el bugchasing suelen frecuentar las llamadas ‘fiestas con químicos’, con alcohol y otras drogras, sexo sin protección, y con el consecuente riesgo de contraer, no solo el VIH, sino también otras infecciones de transmisión sexual, como la gonorrea.

Gracias a los tratamientos, la mortalidad del sida se ha reducido notablemente; actualmente se producen unos 500 fallecimientos al año provocados a consecuencia del síndrome de inmunodeficiencia adquirido. No obstante el número de personas con VIH no se ha reducido.

También se conoce como bareback o serosorting.

Fisting

Consiste en introducir el puño en la cavidad anal (ocasionalmente, también la vaginal). Es una práctica bastante conocida en el colectivo gay. Además es muy propia de los países escandinavos, que practican una sexualidad mucho más brutal que la mediterránea (más suave y romántica), según el sexólogo Carlos Horrillo.

Suele realizarse en fiestas fetiches exageradas y muy polarizadas. Las personas muy pasivas llegan a incluir esta práctica en su vida sexual cotidiana.

En el mundo heterosexual también se practica, aunque es menos frecuente, y se ve más en ambientes cerrados y de alto poder adquisitivo. En el mundo BDSM es una práctica más, aunque rara vez es la mujer quien la recibe, y es una petición frecuente a las dominatrix.

Puede parecer una práctica liberadora sexualmente hablando, por su componente extremo, pero conlleva riesgos muy peligrosos. Principalmente, porque para llevarla a cabo, se consume una droga llamada popper, que consigue relajar y dilatar el ano. Es un droga terriblemente peligrosa porque baja mucho las defensas, e incluso puede producir un ataque al corazón; “Es como aspirar una bombona de butano”, explica Carlos Horrillo.

Además, los efectos secundarios del fisting a largo plazo son devastadores: puede dañar los esfínteres y generar muchas enfermedades, esta vez, no de transmisión sexual: problemas de próstata, incontinencias, problemas del intestino.

Chemsex


Es un nombre que se ha popularizado últimamente para denominar al sexo practicado en entornos de alcohol y otras drogas (sustancias que  favorecen la desinhibición y el placer sexual) habitualmente, en fiestas denominadas ‘con químicos’ (la terminología hace referencia a las palabras inglesas ‘sex’ y ‘chemical’).

El riesgo que conlleva reside principalmente en que el sexo suele realizarse sin protección y entre múltiples parejas sexuales.

Slamsex

Muy relacionada con la anterior, es el sexo que se produce en paralelo con el consumo de drogas que implican la utilización de una jeringuilla, u otros elementos que se comparten entre usuarios. Así, a los riesgos de las prácticas sexuales sin control bajo el efecto de estas drogas se le suman los peligros de compartir jeringas, lo que puede implicar contraer enfermedades, como la hepatitis B. Por no hablar del riesgo que supone, en sí mismo, el consumo de estupefacientes.

‘El muelle’

Es un peligroso juego sexual que se ha hecho muy popular, y del que se tiene constancia entre algunos grupos de adolescentes. Consiste en varios jóvenes varones sentados en círculo con el pene erecto, y una o varias chicas que juegan a la penetración con ellos, hasta que uno de ellos no puede evitar eyacular, y pierde el juego.

Según la edición digital de la revista Ser Padres, ‘el muelle’ no solo es peligroso por presentar un riesgo elevado de contraer diversas infecciones de transmisión sexual, sino también porque puede suponer un perjuicio para el desarrollo afectivo-sexual de los adolescentes que lo practica. Por tanto, para evitar que los jóvenes caigan en este tipo de conductas de riesgo, es imprescindible una buena educación sexual.

Bondage

El bondage es una práctica que pertenece al BDSM (sexo extremo, que implica el dolor físico para la excitación). Consiste en utilizar ataduras para inmovilizar a la pareja sexual, y realizar así una fantasía de dominación. Atención: las fantasías sexuales son beneficiosas y sanas, y no tienen por qué ser nocivas. Pero el peligro del bondage reside en un mal uso de dichas ataduras, que puedan provocar lesiones, o incluso ahogamientos involuntarios.

Un estudio publicado en 2017 catalogaba el bondage como una actividad tan sana como practicar el golf, “siempre y cuando se realice bajo pleno consentimiento y en un clima de afecto y respeto entre ambos participantes”.

Asfixia erótica

Como la anterior, también es una práctica frecuente en el BDSM. En el sexo, las  fantasías que tratan de emular situaciones de peligro no tienen por qué ser peligrosas, siempre que se realicen con plena consciencia, consentimiento y con sentido común.

Pero la asfixia erótica adquiere poder cuando se impide el flujo del aire, no en cualquier momento del acto sexual, sino justo en el momento del orgasmo. Puede practicarse en compañía o a solas (asfixia autoerótica), y conlleva muchos problemas, dado que el ahogamiento puede salirse del control del individuo o de su pareja sexual.

Stealthing

Como la mayoría de las prácticas recogidas en esta galería, el poder del stealthing reside en la emoción de practicar conductas de riesgo.

Consiste en retirar, sin previo aviso y sin consentimiento, el  preservativo del pene en pleno acto sexual (tanto por parte del hombre como de su pareja sexual) Un acto muy grave dado que el consentimiento en todas las áreas de la relación sexual (incluido cómo abordar la profilaxis) es la clave para disfrutar de una sexualidad libre.

Por ello, muchos consideran esta práctica un abuso sexual, dado que puede atentar contra la libertad y la indemnidad sexual del otro.

Coprofilia

Esta práctica entra en la categoría de parafilia sexual. Las parafilias son conductas sexuales que, lejos de considerarse peligrosas, tienen como objeto del deseo sexual algo fuera de lo común. En principio las paralifias no deberían ser nocivas para la salud, siempre que vayan asociadas a libertad sexual y salud pisco-afectiva.  Pero, en este caso, la coprofilia puede resultar altamente dañina.

La coprofilia implica introducir las heces (humanas, normalmente) en el juego sexual como objeto de deseo. Las heces son material de desecho, y están plagadas de bacterias, como la E. coli, que puede provocar diversas infecciones peligrosas para la salud.

Por tanto, depende de cómo se manipulen las heces, podemos estar expuestos a dichas bacterias, con el consiguiente riesgo. La coprofilia no tiene por qué implicar coprofagia (ingestión de heces), aunque en ocasiones también se recurre a esta práctica (intuitivamente, tan desagradable).

Electrofilia

Esta curiosa parafilia implica la excitación sexual obtenido a partir de leves descargas eléctricas. Como la anterior, es una parafilia que, en este caso, puede ser muy peligrosa para la salud, porque las descargas eléctricas pueden quedar fuera de control.

Si la intensidad de la descarga es muy alta, podría producir dolor, contracciones musculares involuntarias, paradas respiratorias, e incluso la muerte. Hay que tener en cuenta que en ambientes húmedos, esta práctica es especialmente peligrosa, dado que el agua es conductor de la electricidad.

Hematolagnia

La hematolagnia (hemo-, sangre) implica provocar pequeños cortes o heridas en el propio cuerpo o el de la pareja sexual para excitarse.

En general, las lesiones, aunque sean poco profundas, no son compatibles con la buena salud. Además, algunos virus se transmiten a través, precisamente, de pequeñas heridas abiertas. Por ejemplo, el VIH se transmite más fácilmente mediante el sexo anal, dado que la penetración por este orificio suele implicar imperceptibles microfisuras anales que se conviertan en una vía de entrada al organismo a través de la sangre.

Zoofilia

La zoofilia es otro tipo de parafilia sexual. En este caso, el objeto de deseo no es una persona, sino un animal. Los peligros de esta práctica son diversos. Los animales pueden ser portadores de bacterias y virus que no suelen poblar el cuerpo humano, y pueden transmitir enfermedades indeseadas.

Además, tenemos que tener en cuenta que un animal tiene su propia sexualidad, y no sabemos cómo puede reaccionar ante una interacción de tipo sexual, y atacar al individuo. Por otro lado, los animales tienen derecho a no ser utilizados por los humanos con fines sexuales.

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