La moda que está acabando con los restaurantes

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La nueva era de “Instagram food” está haciendo que muchos se descanten por producir comida vistosa y llamativa, dejando de lado el sabor y la calidad de las materias primas

Hace apenas unos años, el que sacaba l teléfono móvil del bolsillo y hacía una fotografía a su plato era poco menos que un excéntrico y poco más que un diletante. Hoy en día, hay veces en las que el extraño es el que no saca una instantánea del plato que le acaban de poner y el que es objeto de todas las miradas por no querer compartir esa suculenta comida con sus contactos de las redes sociales.

Al menos en Instagram, que ha sido la aplicación que ha propiciado este cambio de paradigma en el que, como lamentan muchos chefs, críticos y aficionados a la cocina en general, lo importante ya no es el sabor sino la apariencia de la comida.

Hace ya casi 10 años que David Chang se convirtió en pionero al imponer una política de “no fotos” en su restaurante, y poco a poco, se han ido sumando cada vez más cocineros, eso sí, de restaurantes reputados.

Los dueños de The Waterside Inn, con tres Estrellas Michelin, hicieron lo propio hace unos años y un grupo de cocineros franceses liderados por Alexandre Gauthier se aliaron en 2014 para poner freno a la tendencia. El popular Gordon Ramsey, por su parte, no estaba muy convencido y calificó a todos ellos como “viejos chochos que se han quedado encasillados”.

El chef daba una buena razón –o peligrosa, según los detractores– por la que esta moda es útil para la mayoría de restaurantes (y quizá no tanto para los que aparecen en la guia Michelin con su mayor condecoración).

Que compartan las fotos de tus platos es un halago, recuerda, y la mejor herramienta de promoción que tienes a tu alcance. Sin embargo, aquellos que han criticado el auge de la “comida Instagram” recuerdan que, en realidad, esta solo favorece a los platos espectaculares y bonitos y desprecia los menos vistosos pero sabrosos, con buenas materias primas o innovadores. Una tendencia que, recuerdan muchos, está cambiando tanto la forma en que comemos como la manera de cocinar los platos.

¿CUÁL ES EL ALIMENTO MÁS PORNO?

Los cánones de belleza de estas comidas, como ocurre con otros criterios estéticos, son convenciones que amenazan con dejar fuera a los que no encajen con ellos. La crítica de ‘The Boston Globe’ realiza una irónica lista de cosas que “dan” muy bien en cámara, como suele decirse. Aparte de una tosta de aguacate, también quedan bien “los conos de helado delante de un muro de ladrillo, pizza, cualquier cosa con burbujas, cualquier cosa que tenga colores de arcoiris, cualquier cosa que sea tan negra que solo pueda provenir de tinta de calamar, carbón, brujería o veneno, cualquier cosa que tenga un agujero en medio, los boles de acai elaboradamente diseñados, los batidos con muchos ‘topping’, cualquier cosa que sea un icono de lo americano, cualquier cosa que tenga langosta si estamos en Nueva Inglaterra”.

Para que algo brille tanto que llame nuestra atención, suele tener una gran cantidad de salsas, colorantes o conservantes o ser dulce o grasiento. Como habrá descubierto ya el lector por sus propios medios, la mayoría de estos platos no encajan ni en lo que suele considerarse buena gastronomía ni son precisamente saludables. Esa es otra de las quejas más habituales de los detractores, que recuerdan que para que algo brille tanto que no nos llame la atención y no nos haga pasar a la siguiente ‘story’, probablemente debe llevar una gran cantidad de azúcar, colorantes o conservantes, y muy a menudo, ser dulce o completamente grasiento. En un reportaje de ‘Eater‘ la cofundadora de una agencia de marketing recuerda que lo importante es “la idea de ‘más, más grande, más loco’, todo en exceso. ¿Qué sorprende a la gente para que se queden? Quieren que sus seguidores se exciten, ¿Y qué es más excitante que algo tan visual?”

El mismo reportaje recuerda que la mayoría de estas comidas son coloridas y están saturadas de edulcorantes artificiales. Muchos de estos productos se basan en la cantidad, como las macro hamburguesas o bebidas especiales gigantescas que atraen a los clientes a determinados establecimientos. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así necesariamente. Un artículo de ‘The Guardian‘ recordaba que, según el último informe de los supermercados Waitrose, la comida de moda es el poké hawaiano (también ‘trendy’ en España) y los yogures veganos. No hay más que hacer una búsqueda para comprobar que eso quiere decir, básicamente, que se llevan el verde y el rojo. O lo ‘healthy’, que suele figurar en las etiquetas de Instagram.

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Insane breakfast sandwich from the homie @bigjohns_bbq ! We'll take ours with a little #greensriracha on top! ❤️❤️❤️!! . . . ?: @bigjohns_bbq – Some left over filet (and this is the reason I have left over filet lol) couple of fried eggs ? some american cheese ? in between some multigrain sourdough ?. . . . Filet seasoned w/ @caribeque Big&Bold. . . . Eggs from @nelliesfreerange. . . . #breakfastofchampions #breakfast #breakfastclub #breakfastlover #breakfasttime #breakfastinbed #breakfastideas #breakfasts #breakfasting #breakfastgoals #breakfastofchamps #breakfastporn #breakfastdate #breakfastserved #breakfastisserved #food #foodie #foodies #foodpic #foodpics #foodporn #foodblogger #foodstagram #foodlover #foodgasm #foodphotography #foodnetwork #nomnom #nomnomnom

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“Hoy en día es normal sentarte en un restaurante habiendo decidido mientras ibas de camino qué vas a pedir porque has pasado unos minutos mirando los menús en Instagram”, recuerda un artículo de ‘The Buzz Bin’. Sin embargo, ello tiene un problema añadido, que es que la elección está muy determinada por la apariencia de lo que hemos visto. O, peor aún, son comidas aspiracionales que te convierten en “la clase de persona que toma esa clase de alimento”. Algo que ya no se saborea y se huele, sino que va asociado con valores abstractos como los de un coche, una colonia o una marca de moda.

Con información de: ACV

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