Editorial

Asaltos a la orden del día

Para los guatemaltecos “de a pie” como se les puede decir, las cosas se complican con cada día que pasa, y ya constituye todo un reto el caminar por las calles de cualquier punto del país, ya que los delincuentes andan asaltando con total impunidad. Ya no digamos el subirnos a un bus urbano, o bien un extraurbano constituye ya todo un reto, pues uno sube pidiéndole a Dios que lo cuide, ya que no se sabe en qué momento del trayecto, delincuentes que viajan tranquilamente como pasajeros, se levanten de sus asientos y con total impunidad, desenfunden armas de fuego y empiecen a despojar a las personas de sus objetos de valor. E

l vivir estas experiencias ha traumado a muchos de los usuarios, que van desde niños, adolescentes, tanto mujeres como hombres, hasta los adultos, porque los ladrones no respetan a nadie, eso quiere decir, que tampoco valoran a su “madre”, pues si lo hicieran no andarían asaltando.

Ayer, como ya los hemos dicho en innumerables ocasiones, los pasajeros de una camioneta extraurbana, que de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla se dirigían a sus puestos de trabajo en la capital o bien a hacer mandados, vivieron uno de los momentos más difíciles en su vida, un asalto en plena marcha. Pero los delincuentes, como siempre, cuando nunca se conforman con robar, sino que tienen que asesinar, y ayer no fue la excepción, ya que cuando los ayudantes se opusieron a darles el dinero producto de los pasajes cobrados, les dispararon.

Claro, los ladrones con asesinar a sus víctimas, lo único que hacen es demostrar su “poca hombría”, y su baja estima, ya que al acabar con la vida de una persona, se sienten importantes, pero no, tan solo son unos cobardes y esbirros.

Pedimos a Dios que en un tiempo no muy lejano Guatemala, pueda tener paz, lo cual pareciera una utopía, pero a la postre es el anhelo de millones de ciudadanos que anhelan vivir con tranquilidad, y poder caminar sin miedo por las calles a cualquier hora del día. Pero esto solo lo vamos a poder alcanzar, cuando todos reconozcamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal, y que Él guíe nuestros pasos, porque de otra forma no hay habrá poder que nos ayude, porque la maldad desatada.

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