Editorial

A poner las barbas en remojo

Tras las evidentes amenazas de los líderes pandilleros de las clicas del “Barrio 18”, quienes fueron trasladados de la cárcel de máxima seguridad de Fraijanes, Guatemala, hacia su homóloga el “Infiernito”, en Escuintla, debe servir de alerta no solo para los funcionarios del Sistema Penitenciario (SP), para redoblar su seguridad, y no solo estamos hablando de los funcionarios de alto rango, sino de los agentes que se encargan del traslado de los reos.

Es lógico que a los 162 presos, todos jefes de las clicas más peligrosas, les cayó como balde de agua fría el hecho que los sacaran de su comodidad en ese penal de Fraijanes, y los trasladaran a más de 70 kilómetros de la capital, ya que muchos mostraron su molestia declarándole la guerra al SP.

Y lo dicho por sujetos que nada tienen que perder, pues purgan condenas larguísimas, que pueden llegar a cerca de los 900 años, lo que constituye que nunca saldrán de prisión, y esto les impulsa a seguir haciendo de las suyas. Las autoridades han dicho que allí, en el reclusorio de Escuintla, habrá cero comunicación con el exterior, pues los bloqueos  efectuados les impedirá hacer llamadas vía celular a los reclusos, aunque logren que les ingresen teléfonos. Pero se debe recordar que estos sujetos son astutos, y ya en otras ocasiones se ha escuchado a las autoridades decir lo mismo, que se ha bloqueado las señales de celular, y tiempo después resulta que vienen a decir que las llamadas salen de las cárceles, en donde se presume no hay señal de celular, ¿entonces?…

Los mareros son los responsables, en su gran mayoría, de la ola de crímenes en contra de comerciantes, vendedores informales, pilotos de buses urbanos y extraurbanos, además de taxis; y también prestan sus servicios para otros hechos violentos, por lo que la amenaza expresada, en la cual le declaran la guerra al SP, porque según los antisociales las autoridades rompieron el pacto que tenían, y ahora les declaran la guerra e incluso les dicen que van a retomar el control.

Esto debe ser motivo de mucha preocupación, porque al final quien paga los platos rotos es el pueblo, al cual estos sujetos atacan, cuando no pagan la extorsión que exigen. Es momento de actuar y ser más drásticos con los mareros.

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