Una lucha sin tregua
La desarticulación de los grupos enquistados en las conocidas maras, en las cuales se ven involucrados desde niños hasta personas de la tercera edad, al final deja un amargo sabor de boca en todos los guatemaltecos. Pues al parecer es la de nunca acabar, ya que mientras las autoridades libran una lucha sin cuartel en contra de estos sociópatas, desarticulando clicas de las pandillas, a todas luces pareciera que estas se reproducen como bichos.
Por lo que se ve, deberá aplicarse leyes más drásticas a estos grupos, y como se ha comentado en este espacio en otras oportunidades, a los crímenes que estos parásitos de la sociedad perpetran todos los días, a cualquier hora, es urgente y necesaria la reactivación de la pena de muerte. Claro está, hablar de este tema toca sentimientos de grupos de derechos humanos que ven como “angelitos” a los criminales y, como fariseos, estos seudodefensores de la vida pegan el grito al cielo cuando se habla de ejecutar a los delincuentes.
Desde luego, indican que Guatemala es signataria del Pacto de San José, pero hay un momento en el cual se debe pensar si se renuncia al mismo para poder aplicar este tipo de castigos como se merece, pues los delitos que dichos delincuentes están cometiendo merece que lo paguen con su vida. Los señores diputados, en lugar de velar por sus intereses y llegar todos los días al Congreso a no hacer nada, deben buscar la forma de que esta temida y criticada ley se reactive, que desempolven y saquen de la gaveta donde guardaron la iniciativa de ley para darle vida de nuevo a la pena de muerte.
Está demostrado que el pueblo está cansado de tanta injusticia, atropello y la muerte de tanto inocente a manos de estos esbirros, y muchas veces se ha tomado la justicia por su propia mano, lo cual no es correcto, pero esto no se daría si los congresistas dieran las herramientas a los jueces y estos aplicaran las leyes con todo su peso, sin temor a estas organizaciones que defienden al delincuente. Es momento que se le devuelva a la población la confianza de que la ley está de su lado, y que las víctimas inocentes reciben justicia, eso hará que cesen los linchamientos.
