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Ayer, entre los constantes hechos de violencia que imperan en nuestro país, uno de ellos llamó la atención. Y llamó nuestra atención por su importancia, no por el ataque en sí mismo, sino porque los sicarios ya les importa un comino si su víctima va sola, acompañada o lleva en brazos a un bebé.

La sed de sangre y venganza ciega a dichos vándalos, quienes solo jalan el gatillo. Esas balas asesinas no solo hieren o matan a su objetivo, también a seres inocentes. Esto ocurrió cabalmente ayer, cuando el niño Joaquín Dair Monroy, de 2 años, fue alcanzado por un disparo en la pierna derecha, y su padre, Mynor Adimir Monroy Chicanajal, de 20, contra quien iba dirigido el ataque, también fue herido por los sicarios.

El hecho tuvo lugar en la 2a. avenida y 3a. calle de la colonia Mezquital, zona 12 de Villa Nueva, uno de los lugares más violentos del área metropolitana, en donde hasta los agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) no se animan a ingresar solos o en pareja a los callejones, porque allí reinan los mareros. El pequeño no solo tendrá una cicatriz en su cuerpo, sino que en su ser interior también, ya que lo ocurrido quedó grabado en su memoria, y más adelante necesitará ayuda psicológica.

TRATÓ DE AYUDAR AL PILOTO

En otro caso, ocurrido anoche, el ataque a un piloto de un bus de la ruta 37 que se dirigía hacia El Amparo, en la zona 7 capitalina, dejó como saldo dos muertos y cuatro pasajeros heridos. Lo notable de este caso fue una de las víctimas mortales, quien ofrendó su vida tratando de evitar que sicarios desalmados dieran muerte a tiros al conductor. A pesar de que enfrentó a los asesinos, tan solo armado con un tubo de hierro, estos le dispararon y lo mataron. Su acto heroico no tuvo resultado, pues los pistoleros no solo dispararon al piloto, a quien le arrancaron la vida, sino también balearon a cuatro viajeros. Aquí pareciera aplicarse lo que dice una conocida frase de una melodía: “A dónde vamos a parar”. Ya no se puede viajar, caminar o transitar por las calles de la ciudad, sin temor a ser víctima de la delincuencia.

 

 

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