Por Dios qué salvajismo

Las errores que una persona pueda cometer pueden ser graves, que incluso puedan llevar a tenerle odio y rencor, pero no le da derecho a nadie a venir y atentar contra ella, sea hombre o mujer, ni mucho menos lastimarlo, máximo si es un ser indefenso.

Claro está, varios dirán que las personas asesinadas de manera brutal se lo merecen porque andaban en malos pasos o tenían malas juntas, pero si así fuera, qué derecho le da un grupo de enajenados el gozar dándoles muerte de formas que rayan en la locura, presentándoles como personas que no tienen alma ni espíritu, asemejan seres poseídos por demonios que los llevan a hacer este tipo de salvajadas.

Hoy queremos decir que la vida de un ser humano es altamente valiosa, y nadie tiene derecho a tomarla, desde ningún punto de vista. ¿Por qué estamos tocando este tema?, porque da pavor ver cómo siguen asesinando mujeres, y a muchas las descuartizan. Concretamente nos referimos al caso del asesinato de la joven maestra Majorie Sandibell Rodríguez Aquino, quien a sus 24 años sufrió en carne propia del odio de seres enajenados, antes de partir de esta tierra.

Rodríguez Aquino fue secuestrada por desconocidos, quienes según las autoridades pueden ser pandilleros que le aplicaron la peor de las torturas antes de arrancarle la vida, para luego descuartizarla. La madre de esta mujer sintió que su ser fue lastimado, al ver en el fondo de un barranco, entre un río de aguas negras, dos bolsas con las partes desmembradas de quien ella vio nacer, su hija.

Ese acto salvaje solo pudo ser realizado por personas enfermas, quienes con total impunidad mataron a la víctima, cargaron después con las bolsas, y descendieron al fondo del abismo para dejarlas en un punto en que, si llovía, la correntada la arrastraría y nunca fuera hallada. Eso no ocurrió, y la pobre madre ahora podrá dar sepultura a su hija. Pero qué le dirá a su nieta cuando ya grande pregunte cómo murió su progenitora.

Tanto el Ministerio Público (MP) como los detectives de la Policía Nacional Civil (PNC) tienen la obligación moral de esclarecer este hecho, y llevar ante los tribunales a quienes asesinaron a esta mujer. Y no solo este caso, sino en el de las otras féminas cuyas vidas fueron truncadas de esta misma forma, también claman por justicia. Es obligación del Gobierno detener esta barbarie, la cual nos deja como incivilizados ante el mundo.

 

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