Aprendamos a confiar

Lo ocurrido ayer en una vivienda en la zona 6 capitalina, a inmediaciones del mercado San Martín, solo nos deja una dura lección, que los celos no son buenos consejeros, y la mayoría de las veces llevan a cometer los peores errores. El dramaturgo y crítico italiano Gasparo Gozzi hace tres siglos definió este mal, diciendo que “los celos son una ceguera que arruina los corazones, quejarse y querellarse no representa signos de afecto sino de locura y malestar”.

Y para muestra, el ataque de celos que citamos, llevó a un hombre, un guardia de seguridad, quien tras tener una momentánea separación de su esposa, en lugar de buscar la reconciliación y aceptar que era él quien estaba fallando, llevó todo al extremo y en un arranque de demencia llegó a su trabajo, tomó el arma de su equipo y en vez de dirigirse al lugar donde le tocaba servir, se dirigió a donde vivía su esposa y sus hijos. Lo que pudo ser solucionado con el diálogo, lo resolvió a balazos.

El saldo trágico: dos mujeres asesinadas, entre ellas su compañera de hogar. Su enajenación lo hizo incluso disparar en contra de sus hijos, quienes se salvaron de milagro. Al final, al pasar ese episodio de paranoia y darse cuenta de lo que había hecho, tomó la fatal decisión y se quitó la vida de un disparo.

Quienes ahora deben ser atendidos por especialistas,  con urgencia, y no dejarlo para más adelante, son los niños, quienes no solo perdieron a sus padres, sino que presenciaron el momento en que el papá lastimaba a su mamá, quien también murió.

Como se indica al principio, la enseñanza de este caso es que como parejas, tanto hombres como mujeres, debemos buscar que las diferencias que podamos tener sean resueltas por el diálogo, sobre todo si hay niños en el hogar, para evitar desenlaces fatales, pues son ellos las víctimas inocentes, cuyas vidas quedan marcadas, aunque sigan adelante, con heridas que les lleva años sanar.

Recordemos que Dios nos enseñó a amarnos, y a los casados a respetar a nuestras parejas, porque como cita 1ra. Corintios  capítulo 13: 4-5: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *