Un Pulso que a todas luces será negativo

Como ya es conocido por todos, cuando el actual alcalde de la Ciudad de Guatemala, Alvaro Arzú, adopta junto a su Concejo una medida, esta se mantiene contra viento y marea, sin importar las consecuencias. Esta semana, la comuna capitalina dio a conocer cambios en los horarios de circulación del tráfico pesado en la capital, lo cual generó molestias en los pilotos, quienes de inmediato fijaron su postura, y amenazaron con paralizar labores a nivel nacional para presionar a que las autoridades den marcha atrás.

El Acuerdo Municipal 12-2016 establece la restricción  de circulación del transporte pesado en la capital, medida que estará vigente los fines de semana. Se prohíbe  de lunes a viernes el paso de camiones y tráileres en las zonas 1, 3, 4, 5, 9 y 10, en horarios de 05:00 a 09:00 horas y de 16:30 a 21:00 horas, y los sábados de 12:00 a 16:00 horas.

La decisión no fue del agrado de los pilotos, quienes por medio de las redes sociales anunciaron que a partir de hoy iniciarán el paro de labores a nivel nacional. Esta medida la ratificaron ayer, tras no ser recibidos por el jefe edil, quien en su lugar envió a Amílcar Montejo,  intendente de la Policía Municipal de Tránsito, quien confirmó a los representantes de los conductores que no hay marcha atrás y que la medida se mantiene.

El pulso entre pilotos de transporte pesado y la comuna, en apariencia inicia hoy, y los inconformes esperan que los cerca de 21 mil pilotos se unan al movimiento, pues según ellos están cansados de tanto abuso. De ser así, habrá graves consecuencias en la economía del país, ya que muchos productos no serán trasladados y no se abastecerá a los centros de abasto.

Se debe recordar que muchos de los vehículos a los cuales se les va a restringir el acceso a la ciudad, son aquellos que jalan las pipas cargadas con combustibles para proveer a las diversas gasolineras. Es urgente que las partes se sienten a negociar para hallar una solución, y evitar así que nuestra débil economía se vea afectada, ya que al final el que siempre paga los platos rotos, es el pueblo.

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