Pinula despide a victimas identificadas del Cambray dos
Han pasado siete meses desde que ocurrió el alud que dejó 280 muertos, decenas de heridos y desaparecidos en la colonia El Cambray Dos, en Santa Catarina Pinula. Sin embargo, antiguos habitantes aún esperan la identificación de sus familiares.
La tarea ha sido difícil para las autoridades del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), pues se les ha dificultado la labor de reconocimiento por falta de reactivos, ya que hasta ahora consiguieron los fondos para iniciar esta fase. Además muchos cadáveres no han sido reclamados y el estado de algunos cuerpos, de los cuales solo se encontraron partes, no lo ha permitido.
REMEMORAN TRAGEDIA
La mañana de ayer, las calles de Santa Catarina Pinula revivieron escenas de dolor cuando los féretros de varias víctimas se encaminaban hacia el cementerio de la localidad, acompañados por amigos y familiares, que a pesar de la tristeza, sentían paz interior al saber que sus seres queridos habían sido identificados y de esa manera darles cristiana sepultura.
SOLO SU FORTALEZA ME TIENE VIVA
“Dios ha sido mi consuelo, Él me tiene viva después de tanto dolor”, así se expresa doña
Ana María Castro, quien se ha quedado sola viviendo en un cuarto, que según ella es pagado por los que fueron jefes de una hija que falleció en el alud de El Cambray. Para una persona es difícil aceptar la pérdida de un ser querido. Qué puedo decir yo, que en este desastre se me murieron 23 familiares, hijos, sobrinos, hermanos, nietos y bisnietos. Era mi familia completa. Con palabras entrecortadas y caminando del brazo de una hermana rumbo al cementerio de Santa Catarina Pinula, doña Ana nos relató el infierno que le ha tocado vivir.
“Yo también estuviera muerta, pero ese día, unos hermanos de la iglesia me pidieron que saliera a orar con ellos y fuimos a una casa, sitio a donde me llevaron la nefasta noticia. Jamás imaginé que fuera mi familia la que podía ser afectada y menos a mi edad quedarme sola, ahora mi único consuelo es Dios, a raíz de esto sufrí un derrame, pero sigo firme en que mi Padre no me desampara”, relató nuestra entrevistada. “Jamás olvidaré ese momento, pero la impotencia es lo más duro, posteriormente viene la nostalgia, las risas de mis nietos y bisnietos, sus bromas, así como la compañía de mis hijos, ahora estar sola en un cuarto a mis 72 años es terrible, pero Mi Dios es el único que me fortalece”, expresó con la mirada perdida doña Ana.
Acompañada por apenas unas cuantas personas, llegó el momento de ver entrar el féretro a su última morada, con los familiares que recién fueron reconocidos. Doña Ana María Castro salió del cementerio y con la tristeza que la embarga, nos comentó: “Un día todos nos volveremos a reunir”.
