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Como si no bastaran las aguas procelosas en el Ejecutivo por el caso de Fulanos y Menganos, el gobierno emitió un estado de prevención en todo el territorio de la República. El mismo durará, según reza el Decreto 57-92, durante 15 días. Las razones, la alerta que Conred anunció hace unas semanas por el alto grado de vulnerabilidad en más de 8,200 zonas de riesgo, y de la cual Corporación de Noticias dio cuenta en su momento. Además, la coordinadora informó sobre el grave peligro que corren alrededor de 270 asentamientos y especialmente en los puntos de riesgo en los municipios, por las desembocaduras de ríos, asentamientos, cuencas, zanjones y quebradas, según la publicación del diario oficial.

La mayoría de lugares están ubicados en el área metropolitana del valle de Guatemala. Además, la situación en provincia es preocupante. Así, el viernes 16 de septiembre se registraron fuertes lluvias en el departamento de Suchitepéquez, donde se afectó a más de 8 mil personas y generó daños a 78 viviendas. La tragedia del 30 de agosto, ocurrida en Santa Isabel 2, Villa Nueva, donde perdieron la vida 10 personas y hubo cinco heridos, tras la caída del muro de contención por las constantes lluvias.

Como es común en este tipo de medidas, en las contrataciones del Estado no se requerirá de la obligatoriedad de la licitación pública. Sin embargo, el decreto de marras contempla la prohibición de las reuniones al aire libre, manifestaciones u otros espectáculos en zonas de riesgo, y exige a los órganos de publicidad o difusión evitar publicaciones que alteren el “orden público” (sic).

Cualquiera en su sano juicio evitaría realizar ese tipo de actividades, por ejemplo, a la orilla de un barranco o arriesgarse ante las crecidas de los ríos. Asimismo, autoriza a “disolver por la fuerza, sin necesidad de conminatoria alguna, cualquier grupo, reunión o manifestación pública en la que se hiciere uso de armas o se recurriere a actos de violencia” (otro sic, salvo que se refiera a las pandillas que azotan por doquier a miles de ciudadanos). Días convulsos, en los cuales se informó que hubo una bomba en el Mintrab y otra abortada en un bus urbano.

Y como quien no quiere la cosa, los muertos en El Boquerón. Noticias que hacen ruido al caer y nos recuerdan que navegamos en la larga noche y en las estaciones de almas abanicadas por el desamparo y el anuncio inevitable de viejos desagües. Ante estas tragedias, ojalá el reloj de los hombres facilite esa congregación concertada por el cambio.

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