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Cuidemos a nuestros niños

La responsabilidad de ser padres de familia es enorme, ya que implica el dar todo lo mejor a cada integrante del grupo familiar, para que se sientan protegidos  y que no les falte nada, ni mucho menos ponerlos en peligro, principalmente a los más pequeños, eso la mayoría de las veces no se cumple por diversas razones.

Es indispensable hacer un llamado para que los responsables de velar por los más pequeños de la casa estemos atentos a todo, y evitar ponerlos en situaciones que impliquen salir dañados.

Ejemplo de lo expresado es lo ocurrido al niño de cinco años que tuvo un accidente delicado al caer e incrustarse un machete que le llevaba a su mamá, para cortar la maleza en su casa, en el cantón Pila Seca en Chinautla.

La inocencia y lo acomedido del infante le hizo correr para atender lo requerido por su progenitora, pero al volver con el artefacto tropezó y cayó, lastimándose e hiriéndose, por lo que requirió ser llevado a un centro asistencial.

Este accidente se hubiera podido evitar, si el adulto no hubiera recurrido al niño para que le alcanzara el artefacto punzo cortante que puede causar mucho daño, y que en efecto lo hizo en el menor.

La moraleja que nos deja este percance es que como padres debemos de poner nuestras barbas en remojo, y reconocer que hay cosas en nuestras casas que los niños no deben hacer por su bien, si no están supervisados por un adulto, ya que al accidentarse las secuelas que dejan en sus cuerpos son graves y el proceso de recuperación muchas veces es de años, y las cicatrices no sólo son físicas sino también del alma.

Porque nuestros hijos constituyen el tesoro más valioso que Dios nos ha dado en calidad de préstamo y, por lo tanto,  tenemos la obligación de cuidarlos y guiarlos para que tomen el buen camino.

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