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Sospechosos y frecuentes atentados

En menos de dos meses, Carlos Aparicio Pisquiy ha sufrido dos atentados. Algo importante debe saber, como para que sea tan fuerte la necesidad de eliminarlo. Pisquiy es nada menos que el auditor de Jonathan Chévez, el acusado de lavar dinero para el exbinomio presidencial integrado por Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

No ha concluido aún la investigación sobre el primer ataque en su contra, perpetrado el mes de abril pasado, y ayer ya estuvo de nuevo a punto de morir. Esta vez junto a su hijo, gracias a quien ahora estuvo a salvo. Los sicarios que cometieron el atentado lanzaron una granada al interior del vehículo donde ayer se trasladaban, pero los reflejos de la juventud del hijo de Pisquiy lo hicieron reaccionar, tomando la granada y lanzándola a la calle.

De buena suerte ningún transeúnte ni automotor pasaba por el lugar, pues la explosión dispersó esquirlas por todos lados, haciendo agujeros de hasta dos centímetros en una de las paredes que dividen algunos hangares del aeropuerto, por la avenida Hincapié.

Por supuesto que no se puede culpar a nadie sin pruebas. Pero lo cierto es que resulta muy sospechoso que se intente eliminar, en dos ocasiones muy cercanas en el tiempo, a quien lleva las cuentas contables de uno de los acusados en el caso de corrupción más popular del país. No hay que ser un genio para poder sacar conclusiones. Sin embargo, habrá que esperar a que las autoridades encargadas de investigar estos hechos revelen los resultados de sus pesquisas.

Si las sospechas son fundadas, algunos de los ya acusados ante el juez Miguel Ángel Gálvez podrían sumar otros delitos a su expediente penal.

 

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